martes, 25 de marzo de 2014

No se atrevió.



Estaba en una estación de autobuses, esperando pacientemente poder subir y sentarse de una vez. Quería escuchar música y perderse en sus pensamientos. Dejar su mirada perdida en la ciudad nocturna.
La hora llegaba y la gente comenzó a subir. En eso, sus ojos se clavaron en una chica que subía delante de él. Ella no tenía nada especial que la pudiera diferenciar de otras miles, millones de mujeres. Pero algo había que lo dejó impresionado, con la sensación de querer acercarse a ella y conocerla mejor. Pero no se atrevió.
Entregó su billete al conductor y él lo dejó subir. Unos asientos más para atrás, entrevió la cabeza de aquella chica. Caminó entre los asientos, pensando que debería saludarla o como mínimo sonreírle. Pero no lo hizo.
Acabó por sentarse en los asientos paralelos a los suyos, mirándola por el rabillo del ojo, mientras ella tenía la mirada clavada en la ventana, muy lejos de él.

Sin embargo, lo que él no sabía era que ella también se había dado cuenta de que ese chico tenía algo que la llamaba. Pensó en preguntarle la hora para iniciar una charla. O igual decirle que le parecía recordarlo de alguna parte. Pero no se atrevió.
El bus comenzó a moverse y pronto estuvieron en la carretera. De vez en cuando, los jóvenes se echaban alguna mirada discreta y notaban que su manera de sentarse en los asientos era similar por no decir idéntica.
El crepúsculo bañaba todo lo que la vista abarcaba, incluso la curiosidad.
En algún momento del viaje, las miradas de ambos chicos se cruzaron. Notaron, en esas milésimas de segundo, que tenían muchísimas cosas en común, que podían confiar, que podían hablarse sin temor al rechazo. Pero apartaron la vista rápidamente, avergonzados por sentirse descubiertos.

Así, las paradas empezaron a sucederse y el miedo encontró su camino, subiendo por las extremidades de aquellos insensatos.
"¿Y si se baja en la próxima parada?" pensaban ambos.
La gente subía y bajaba, y el chico sabía que su parada se apróximaba. Algo en él le decía que tenía que saber quién era esa desconocida. Y aún así, no pudo siquiera mirarla fijamente.
La chica también supo que su parada llegaba, que ese chico era alguien especial y que debía presentarse y así saber su nombre. Pero lo único que hizo fue observar los coches que circulaban en la carretera contraria.

Entonces, el fin de su trayecto. El vehículo aparcó en una terminal de la estación y él sabía que tenía que bajarse. En su mente, recitó una pequeña oración, pidiendo a quién sea que lo escuchara, que por favor esa chica se bajara en la misma estación. Empezó a levantarse de su asiento, lo más lentamente que pudo, evitando mirarla pues tenía miedo de encontrarla allí sentada, todavía perdida en su propio mundo.
Ella vió como él se levantaba y sintió como el corazón le daba un vuelco. Él se iba y ella se quedaba.
Sus miradas volvieron a cruzarse, mientras él avanzaba hacia la salida. Ambos entreabieron sus bocas, en un último intento de hablarse, de decir algo. Pero otro pasajero con prisa urgió al joven para moverse. No llegaron a cruzar ni una palabra.
El chico bajó del bus, sintiendo que era un completo imbécil. Había estado tan cerca de poder hablar con ella. Decidió darse una última oportunidad para redimirse, y caminó hacia el otro lado del autocar, donde ella se encontraba. La vió mirar con mucha intensidad a la gente que iba y venía, quizá buscándolo.
Se acercó hasta la ventana y con un dedo llamó un par de veces hasta captar su atención. Volvieron a mirarse. Una sonrisa genuina se dibujó en sus labios y él le dijo su nombre y ella el suyo. Pero no podían escucharse. El motor del bus se inició y ambos supieron que la despedida había llegado.
Ella soltó vaho y escribió rápidamente con su dedo índice una única palabra, pues el autobus empezó a moverse. El chico asintió y la saludó, sonriéndole y diciendo con los labios que lo había entendido y que volverían a verse. El vehículo desapareció en la oscuridad de la noche.
Ninguno se atrevió a hablar pero se entendieron a la perfección pues estaban hechos el uno para el otro. Pero la realidad es, que jamás volvieron a verse.

1 comentario:

  1. El final es tristísimo :( pero entiendo que en la vida real ocurre un montón este tipo de cosas...

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