De repente, sobre el pozo de garabatos, empezó a esculpirse una figura entre los grises y las sombras de sus trazos. H empezó a intuir un rostro humano, cuyos ojos serenos se clavaban sobre los suyos como dos alfileres en sus pupilas. El brazo de H danzaba alrededor del dibujo como si se tratase de un místico ritual, trazando una nariz, una boca, un cuello, un cuerpo de mujer, un cuerpo que H conocía bien por ser el suyo propio, el que maldecía frente al espejo cuando tenía 15 años, el que después fue acariciado y admirado por más de 100 amantes y que fue el último cuerpo que vio a V.
V, el que se fue para no volver, pero cuya ausencia seguía atormentando su consciencia. Recuerdo renegado que durante una fracción de segundo volvió a la memoria de H para disolverse en una lágrima que emborronó su dibujo. Dibujo que iba borrando, sin que ella lo notase, su existencia de este mundo.

HyV. HIV.
ResponderEliminarPuto genio.
Lo cierto es que no había pensado en ello. Lo tendré en cuenta.
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