jueves, 28 de agosto de 2014

Diario de Sueños: Segunda Entrada.

Había algo extraño en aquel lugar. Era una casa que creía recordar de quién era, pero ahora fallo en evocar el simple nombre de alguien que - estoy segura - nunca existió.
Estoy en la entrada del lugar, mirando el día tan luminoso que se me presenta. El cielo es de un celeste hermoso, manchado con esponjoso blanco que me atrapa en una suavidad que nunca experimenté estando despierta.

A mi espalda alguien me habla, me suelta el discurso más largo y filosófico que he oído en toda mi existencia onírica. No recuerdo ni una de sus sabias palabras. Quizá porque en ningún momento le presté la atención que merecía.

Me levanto, ni siquiera recordaba haber estado sentada. Empiezo a andar y sé que esa otra persona me sigue. En algún punto de mi caminata, aparezco en un valle de estrellas, que rodea la casa, las nubes y la bóveda celeste que antes conformaban el cuadro donde me encontraba.

Las estrellas titilan y bailan, como si fuesen pequeñas hadas juguetonas, entonando alguna canción antigua que hace mucho se perdió en las leyendas del Mundo. Yo las observó con aquel desconocido aún a mi lado. Creo que le pregunto quién es pero no sé si me responde.

Ambos nos quedamos allí, envueltos por el Universo, sin más compañía que un Mar de bombillas y colores fríos.
Me siento amada.




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