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lunes, 6 de octubre de 2014

Diario de Sueños: Tercera Entrada.

Por alguna razón extraña, soñé con mi antigua casa. Estaba igual que la recordaba, excepto porque esta vez tenía unos extraños inquilinos: espíritus atormentados de niños.
Todos teníamos algo en común, el mismo hogar.
Yo no entendía porqué, pero ellos no querían que los abandonara. Era la única que no era una niña, la única adulta del lugar.
Ellos tenían a su líder, un chico rubio cuyo nombre no recuerdo o no sé si llegué a escuchar.
Cada vez que intentaba salir de mi casa, ellos me lo impedían. Me cerraban las puertas, movían las cosas, me confundían, jugando con mis sentidos mortales.
Pero entonces, comprendí que yo tenía poder sobre ellos. Yo tenía la llave de la casa y si quería, podía salir y abandonarlos para siempre, otra vez solos, en la oscuridad de una casa muy grande, para unos niños que solo querían un poco de amor.
Me acerqué a la puerta principal y la abrí. Yo sabía que ellos no podían poner pie en la calle. Los miré y les dije que era hora de que me marchara y ellos lloraron furiosos.
El líder me dijo que si me iba, jamás volviera, pues no sería bienvenida. Le contesté que mientras yo tuviera la llave, yo era la dueña. Yo era la líder.
Salí y cerré la puerta.
Tan pronto como lo hice, me sentí como si fuera el peor ser humano de la Tierra.
Volví a abrirla. Donde había dejado a los niños, ya no había nada. Los busqué por toda la casa, gritando nombres que no sé si me inventaba o es que realmente se llamaban así.
En el gran ventanal que daba al jardín, vi al líder, el niño rubio. Me sonrió y me dijo; "sabía que volverías."
La llave de la casa que sostenía con fuerza empezó a pesarme, como si en realidad estuviera cargando con el peso de todos los niños que habitaban en la muerte el lugar.
Se la tendí al niño.
"Toma" las palabras brotaban de mis labios como las aguas de un manantial "te libero".
Él atravesó mi mano y para mi sorpresa, sí pudo hacerse con la llave.
"Gracias."
Y desapareció.




Anécdota adicional a esta entrada:

Mi antigua casa tiene más de cien años, realmente no sé exáctamente cuantos, pero más de cien seguro. Recuerdo que nos mudamos siendo yo muy pequeña, con tres o cuatro añitos. Mis padres la compraron estando hecha una auténtica basura, y la remodelaron con mucho esfuerzo y dinero.
El asunto es el siguiente, a mi había partes de la casa que me daban miedo y que repelía. El salón secundario, el estudio de mi padre y la habitación de servicio. En mi casa pasaban cosas extrañas e inexplicables. Ruidos cuando no había nadie, objetos que se movían solos, la sensación de ser observado.
Con el tiempo aprendí a vivir con ello y dejé de fijarme en estos hechos. Sin embargo siempre recordaré la vez que, para un trabajo de clase, unas amigas y yo nos pusimos a grabar una historia de terror en mi salón secundario. Una vez finalizado, nos dio por grabar una 'psicofonía' y dejamos la grabadora en la mesa y nosotras nos fuimos a mi habitación en la planta de arriba a pasar el rato.
Unas horas después volvimos al salón y pusimos la grabación. Al principio se nos oía únicamente a nosotras hablando. Después silencio. Mucho silencio. La grabadora pasaba la cinta de casette y no se oía absolutamente nada. Realmente no esperábamos captar nada, lo hicimos simplemente por aburrimiento o más bien, por curiosidad a lo desconocido.
Entonces se oyó. Ruidos. Murmullos. Susurros.
Jamás olvidaré los rostros de mis amigas al oir la grabación.
Ahí me di cuenta de que algo habitaba mi casa además de mi familia. 

jueves, 28 de agosto de 2014

Diario de Sueños: Segunda Entrada.

Había algo extraño en aquel lugar. Era una casa que creía recordar de quién era, pero ahora fallo en evocar el simple nombre de alguien que - estoy segura - nunca existió.
Estoy en la entrada del lugar, mirando el día tan luminoso que se me presenta. El cielo es de un celeste hermoso, manchado con esponjoso blanco que me atrapa en una suavidad que nunca experimenté estando despierta.

A mi espalda alguien me habla, me suelta el discurso más largo y filosófico que he oído en toda mi existencia onírica. No recuerdo ni una de sus sabias palabras. Quizá porque en ningún momento le presté la atención que merecía.

Me levanto, ni siquiera recordaba haber estado sentada. Empiezo a andar y sé que esa otra persona me sigue. En algún punto de mi caminata, aparezco en un valle de estrellas, que rodea la casa, las nubes y la bóveda celeste que antes conformaban el cuadro donde me encontraba.

Las estrellas titilan y bailan, como si fuesen pequeñas hadas juguetonas, entonando alguna canción antigua que hace mucho se perdió en las leyendas del Mundo. Yo las observó con aquel desconocido aún a mi lado. Creo que le pregunto quién es pero no sé si me responde.

Ambos nos quedamos allí, envueltos por el Universo, sin más compañía que un Mar de bombillas y colores fríos.
Me siento amada.




lunes, 5 de mayo de 2014

Diario de Sueños: Primera Entrada.

He decidido empezar un diario de sueños. No estoy segura de si escribiré diariamente o será algo esporádico, supongo que dependerá de lo que sueñe y recuerde.

Creo que estaba en un campo, durante la noche. Veía árboles torcidos y en el cielo no había estrellas ni luna. No estoy segura siquiera que hubiera cielo.
Empecé a caminar y notaba el césped extraño, como si se moviera constantemente en un baile con una brisa que no notaba. A cada paso que daba, la hierba crecía. O quizá era yo que me volvía más pequeña. Llegó un punto que el verde oscuro cubría todo lo que podía ver cuando alzaba la mirada. Solo me quedaba mirar hacia delante o hacia abajo.
A mis pies descalzos, un riachuelo de agua se movía serpenteante, evadiéndome, como si yo fuese veneno.
Entonces quise huir y salté, como un pajarito queriendo volar por primera vez. Pero mis saltos eran patéticos, ya no podía alcanzar la salida de aquel laberinto tan bizarro que me había tragado.
Me senté sobre una tortuga, que me miraba con ojos humanos. Abrió la boca lentamente y yo la observé sorprendida, pensando que quizá fuese a hablarme con una voz vieja y rasposa. No lo hizo, me mordió.